Las mejores son las autóctonas, con una carne tan suave que se funde en la boca. La manera de cocinarlas es, con más frecuencia en nuestros valles, rellenándolas con panceta o a la brasa. Las del "arco iris", con unos puntitos rojos, son repobladas y tienen una carne bastante buena, pero muy distinta a las del país. En Tavascan hay una piscifactoría que las comercializa.