Se utilizaba sobre todo para hacer pan, sopas y cocas. En todos los pueblos había al menos un horno, privado o comunitario. Para moler la harina se iba a los molinos que, aquí, se conocen con el nombre de muelas. Un plato típico basado en la harina eren las sopas conocidas como farinetes (gachas). Se preparaban cuando hacía mucho frío y las nevadas eran abundantes. En primer lugar, se hacía un buen caldo con butifarra de sangre y cebolla bien picada. Al caldo se le añadía poco a poco harina de trigo y se iba mezclando hasta que se espesaba. Se comía caliente y estaban mucho mejor preparadas y comidas el mismo día. Si se comían frías, se cortaba el trozo que se quería comer y se calentaba en la sartén con una gotita de aceite.
Pero también se preparaban, y todavía se preparan en la mayoría de casas del valle, sopas de pan; se comían hervidas o menestradas. Hervidas es cuando se ponen los ingredientes a cocer en la cacerola o marmita (pan, aceite, panceta, sal, pimienta y agua). Menestradas es cuando el pan, cortado muy finito, y el resto de ingredientes se ponen en el plato o en la cacerola, y se tira agua hirviendo por encima.
Las cocas y redorts (roscones) también son un manjar exquisito del valle y del Pallars en general. Recién sacadas del horno, se tiraba azúcar por encima y, con un ramillete de alfábega, se mojaban con anís. La masa es la misma, pero el redort tiene un agujero en el medio, cortado en forma de cruz, y cada parte se dobla sobre si misma y forma un bonito dibujo.
De entre todos estos platos cocinados con harina, los únicos que se pueden adquirir son los redorts, que aún se pueden comprar en las panaderías de los pueblos.