El románico pallarés es tan apreciado que, por desgracia, hay muchísimas piezas representativas en los museos alrededor del mundo. Conscientes de su importancia, poco a poco se van restaurando ermitas, se reproducen las pinturas murales en sus ábsides, se encargan reproducciones exactas de las bellas tallas. Por otra parte, hay santuarios repartidos por los valles montañosos que, a pesar de no pertenecer al románico, disfrutan de una gran reputación entre los residentes, que acuden anualmente en romerías multitudinarias.